domingo, 14 de abril de 2024

taller literario poesia caballito domingos 49034485

 En la escalera de caracol 


En la escalera de caracol
hicimos el amor 
muchas veces cuando jòvenes y hambrientos 
y borrachos de dolor y angustia 
no tenìamos un solo centavo
mientras el oleaje de vampiros y zombies
asolaba televisivamente en blanco y negro
las calles de la ciudad
en persecuciòn de sus incautas vìctimas
al solo objeto de drenarles 
toda la sangre

en el vano de esa escalera, en la sombra 
hicimos muchas veces el amor
a escondidas
y sigilosamente
con suaves gemidos reprimidos
a altas horas de la noche
porque èramos pobres y no tenìamos absolutamente nada
salvo la divina juventud
y enloquecidos de dicha
nuestras bocas se unìan
en un beso para siempre 
eterno e inmortal
mientras a lo lejos sonaba un instrumento de percusiòn
un piano tal vez
o algo por el estilo

en la escalera de caracol hicimos el amor
o sino en el amplio rectàngulo desierto de la plaza
en aquel verano que Machado ya viudo amò
mientras caìan las làgrimas y rodaban las làgrimas por tus mejillas
y un anciano voyeur o miròn
un antiguo sàtiro acaso
nos observaba amable y atentamente
con sus ojos rojos de deseo

o sino en los màs abyectos y berretas y baratos hoteles
llenos de arañas y telarañas
en redondas camas giratorias
mientras en otras habitaciones
las ladies aullaban de felicidad
y gritaban monòtonos poemas de amor
compuestos de 1 o 2 obscenas palabras
incesantemente repetidas

nos entregamos por aquel entonces o època
a ciertos determinados juegos vagamente sexuales o simplemente perversos
a ciertas inciertas indeterminadas pràcticas sadomasoquistas
mientras el inefable portero espiaba
por el ojo de la cerradura
como si no fuera un sòrdido y transistorio albergue a transistores
sino El Fuego de Barbusse
(Editorial Tor, Buenos Aires, 1929)

en la escalera de caracol hicimos cientos de veces el amor
procurando que los vecinos no se enterasen ni por asomo
por cuya causa a menudo te tapaba la boca con la mano
cuando estabas a punto de gritar
en medio de la medianoche 

en la escalera de caracol hicimos el amor
mientras algùn ciudadano volvìa a su casa
abrìa su puerta y la cerraba

cuantas veces habremos hecho el amor en la escalera de caracol
o en los màs roñosos y baratieris hoteles
o en las plazas y parques pùblicos por entonces no enrejados
apoyados en un centenario àrbol
cuyas ramas llegaban hasta las estrellas
y cuyas raìces poderosamente se hundìan 
hasta alcanzar el centro de la tierra

me mirabas siempre a los ojos
y yo miraba tus ojos limpios que me miraban
mientras sonreìas hermosa
o las làgrimas cristalinas resbalaban por tus mejillas
o mientras bailàbamos en las màs furiosas pistas de baile
formando la ronda
como una constelaciòn de Tango
en contra siempre de las agujas del reloj
en contra siempre del tiempo
y del espacio

en la escalera de caracol hacìamos el amor
porque èramos pobres como hermosas arañas negras
que durante las noches se deslizan
por la escalera
de caracol

esa escalera de caracol aùn existe
y no es precisamente una escalera al cielo
como reza la mencionada canciòn
sino una escalera a tierra
como en el tango

no tenìamos una sola moneda partida al medio
èramos pobres hasta decir basta
y por eso hacìamos el amor en lugares
en sitios francamente inusitados
por no decir inauditos
por no decir inèditos: escaleras, parques y plazas pùblicas, grandes
hoteles deshabitados
mientras afuera sonaba la canciòn de la lluvia
que repiqueteaba sobre los techos de cinc
o nos empapaba al salir a la noche y a la vida
y luego a dormir en una cama caliente y seca
seguramente desnudos y abrazados y haciendo
cucharita
como si fuèramos una blanca y dulce
medialuna

en la escalera de
caracol
hicimos
el 
amor

1 comentario:

  1. EN LA ESCALERA DE CARACOL
    En la escalera de caracol
    hicimos el amor
    muchas veces cuando jòvenes y hambrientos
    y borrachos de dolor y angustia
    no tenìamos un solo centavo
    mientras el oleaje de vampiros y zombies
    asolaba televisivamente en blanco y negro
    las calles de la ciudad
    en persecuciòn de sus incautas vìctimas
    al solo objeto de drenarles
    toda la sangre

    en el vano de esa escalera, en la sombra
    hicimos muchas veces el amor
    a escondidas
    y sigilosamente
    con suaves gemidos reprimidos
    a altas horas de la noche
    porque èramos pobres y no tenìamos absolutamente nada
    salvo la divina juventud
    y enloquecidos de dicha
    nuestras bocas se unìan
    en un beso para siempre
    eterno e inmortal
    mientras a lo lejos sonaba un instrumento de percusiòn
    un piano tal vez
    o algo por el estilo

    en la escalera de caracol hicimos el amor
    o sino en el amplio rectàngulo desierto de la plaza
    en aquel verano que Machado ya viudo tanto amò
    mientras caìan las làgrimas y rodaban las làgrimas por tus mejillas
    y un anciano voyeur o miròn
    un antiguo sàtiro acaso
    nos observaba amable y atentamente
    con sus ojos rojos de deseo

    o sino en los màs abyectos y berretas y baratos hoteles
    llenos de arañas y telarañas
    en redondas camas giratorias
    mientras en otras habitaciones
    las ladies aullaban de felicidad
    y gritaban monòtonos poemas de amor
    compuestos de 1 o 2 obscenas palabras
    incesantemente repetidas

    nos entregamos por aquel entonces o època
    a ciertos determinados juegos vagamente sexuales o simplemente perversos
    a ciertas inciertas indeterminadas pràcticas sadomasoquistas
    mientras el inefable portero espiaba
    por el ojo de la cerradura
    como si no fuera un sòrdido y transitorio albergue a transistores
    sino El Fuego de Barbusse
    (Editorial Tor, Buenos Aires, 1929)

    en la escalera de caracol hicimos cientos de veces el amor
    procurando que los vecinos no se enterasen ni por asomo
    por cuya causa a menudo te tapaba la boca con la mano
    cuando estabas a punto de gritar
    en medio de la medianoche

    en la escalera de caracol hicimos el amor
    mientras algùn ciudadano volvìa a su casa
    abrìa su puerta y la cerraba

    cuantas veces habremos hecho el amor en la escalera de caracol
    o en los màs roñosos y baratieris hoteles
    o en las plazas y parques pùblicos por entonces no enrejados
    apoyados en un centenario àrbol
    cuyas ramas llegaban hasta las estrellas
    y cuyas raìces poderosamente se hundìan
    hasta alcanzar el centro de la tierra

    me mirabas siempre a los ojos
    y yo miraba tus ojos limpios que me miraban
    mientras sonreìas hermosa
    o las làgrimas cristalinas resbalaban por tus mejillas
    o mientras bailàbamos en las màs furiosas pistas de baile
    formando la ronda
    como una constelaciòn de Tango
    en contra siempre de las agujas del reloj
    en contra siempre del tiempo
    y del espacio

    en la escalera de caracol hacìamos el amor
    porque èramos pobres como hermosas arañas negras
    que durante las noches se deslizan
    por la escalera
    de caracol

    esa escalera de caracol aùn existe
    y no es precisamente una escalera al cielo
    como reza la mencionada canciòn
    sino una escalera a tierra
    como en el tango

    no tenìamos una sola moneda partida al medio
    èramos pobres hasta decir basta
    y por eso hacìamos el amor en lugares
    en sitios francamente inusitados
    por no decir inauditos
    por no decir inèditos: escaleras, parques y plazas pùblicas, grandes
    hoteles deshabitados
    mientras afuera sonaba la canciòn de la lluvia
    que repiqueteaba sobre los techos de cinc
    o nos empapaba al salir a la noche y a la vida
    y luego a dormir en una cama caliente y seca
    seguramente desnudos y abrazados y haciendo
    cucharita
    como si fuèramos una blanca y dulce
    medialuna

    en la escalera de
    caracol
    hicimos
    el
    amor

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